La Esquina de Hugo Sábado, 21 marzo 2015

Tengo poder y… el resto que se aguante

Hugo Coya

Periodista interesado en los silencios ensordecedores

Un servicio de inteligencia hurga en las propiedades de aliados y opositores, periodistas y empresarios; un exaliado del presidente de la república declara, a quien desee oírlo desde su refugio en Bolivia, que es un perseguido político tras huir para no someterse a la justicia y un alcalde decide que tiene el derecho de hacer obras sin licitaciones, concursos públicos o consultas y borrar murales porque no coinciden con su criterio estético.

Foto: El Comercio

Foto: El Comercio

Parecen hechos inconexos, pero, realmente, no lo son. Son la germinación de una forma y un estilo de vida que se arrastra desde hace algunos años y que tornan, muchas veces, irrespirable el ambiente político y social del país.

Vivimos, pues, en los tiempos de la impunidad y la intolerancia, donde la razón o la justicia no priman, apenas el mero ejercicio del poder. Si tengo poder, puedo hacer lo que deseo, en el momento que quiero, convencido de que no habrá sanciones por el lugar o posición que ocupo en el espectro político, social o económico.

Así un congresista puede citar impunemente a Hitler para oponerse a un proyecto de ley, el hijo de un exministro atropellar dos veces a la misma persona en una noche y escapar de la clínica para no someterse a la prueba de intoxicación alcohólica y un chofer de combi no respetar las normas de tránsito, matar a decenas de peatones y seguir manejando como si nada hubiera ocurrido.

Se trata de un sistema que bien podría ser considerado un ´neoindividualismo´ a la peruana, el cual no reconoce los derechos de todas las personas y las libertades que se derivan de ellas sino que concibe el dinero y el poder como artífices para alcanzar el bienestar y la felicidad. Para lograrlos, se puede insultar, atropellar, arrastrar, excluir o sepultar los derechos de los otros que se interpongan en el camino.

Si soy de la DINI puedo saber qué hay en los bolsillos de los demás; si tengo “contactos” con las autoridades puedo hacer buenos negocios; si soy alcalde puedo arrasar las obras de mi antecesora y transformarme en el juez del buen gusto de los ciudadanos; si soy congresista puedo hablar lo que quiera y si soy hijo de exministro beberé cuanto me plazca, aunque atropelle a un poco afortunado que se cruce en la ruta de mi juerga.

Mateo Silva Martinot. Foto: Peru21

Mateo Silva Martinot. Foto: Peru21

Total, difícilmente, pasará algo, salvo el ruido que harán algunos disconformes durante cierto tiempo y que luego se acallará cuando otro asuma su papel: el de todopoderoso cuestionado. Lo importante es que soy mejor porque tengo poder y… el resto que se aguante.

Hugo Coya

Periodista interesado en los silencios ensordecedores
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